Voces de la ilustración

Para esta ocasión tan especial convocamos (entrevista mediante) a referentes de nuestro oficio, artistas que admiramos, no dejamos de seguirlos —y que son miembros honoríficos de nuestra asociación— para que nos cuenten de su vínculo y vivencias con la Asociación, de su profesión en la actualidad.

Por Alejandra Clutterbuck   Pablo Acosta  

 

CACHO MANDRAFINA

El genial dibujante de Cosecha Verde comparte su visión sobre la profesión, ADA y los tiempos de IA.

“NO CREO MUCHO EN LOS DESAFÍOS”

¿Cuándo te asociaste a ADA?
Yo me incorporé en los años ‘70
¿Recordás alguna anécdota de la asociación?
No demasiadas, reconozco que mi memoria suele fallar. Aunque los recuerdos de aquello tiempos siempre los tengo como felices.
¿Qué pensás de la nueva administración?

Vi que se preocuparon siempre por tutelar la actividad y sobre todo, lo que respecta a la certez de

las tarifas que corresponden a cada trabajo.

¿Por qué le recomendarías a quienes llevan esta profesión que se asocien a ADA?
Por esas mismas razones, no se me ocurre cómo no hacerlo.
¿A qué colegas admirás?

Muchos, sobre todo en mi especialidad, la historieta. Milton Caniff, Frank Robbins, Alex Toth, y

recuerdo especialmente aquellas historietas de Tarzán de Harold Foster.

¿Te gusta mirar el trabajo de nuevos artistas?

Sí, bastante. Siempre busco cosas que me inspiren y las encuentro gracias a internet.

¿Qué cosas te atraen del trabajo de estas personas?
Miro todo lo que tiene que ver con la técnica, sus estilos.

¿Qué proyectos disfrutás hacer?

Bueno, estoy siempre ligado a los policiales, obviamente.

Después de tantos años de profesión, ¿cómo renovás las ganas y energías para seguir trabajando?
En realidad, y espero que dure, no lo puedo evitar.
¿Existe algo que no te guste dibujar?

No estoy seguro, pero creo que lo que está ligado a lo mecánico, pero tampoco es del todo así. Trato siempre de encontrar cómo disfrutar de esas cosas.

“Cosecha Verde”, con guión de Carlos Trillo.

¿Rechazaste muchos trabajos?
No demasiados.
De tus trabajos realizados, ¿cuáles son los que más te gustan?
El Condenado, Cosecha Verde, Leopoldo, que hice con Saccomanno para Telam.
¿Recordás cuál te presentó el mayor desafío?
No creo mucho en los desafíos.
¿Te queda alguna meta pendiente en el mundo de la ilustración?
Espero que sí.
¿Qué cambios notás en el mercado a lo largo de los años?
Positivos, especialmente reconozco que los autores, hace tiempo se han encargado de encarar la autoedición.
¿Te parece que las demandas de los clientes han cambiado?
Sí, claro, pero me parece inevitable.

“El Iguana”, con guión de Carlos Trillo.
¿Te asusta la inteligencia artificial (IA)?
No, solo me preocupa que se sometan a eso.
¿Cuál pensás que será el rol de los ilustradores en el marco de sociedades que maneja IA?
Ni idea.
Si volvieras a ser aquél joven ilustrador que estaba dando sus primeros pasos, ¿qué le recomendarías?
Como escuché decir a mis maestros, que sea uno mismo. Que crea en sí.
¿Qué consejo le darías a las nuevas generaciones?
Me supera esa sola idea.
¿Qué deseás para ADA y los dibujantes?
No soy original diciendo que lo mejor, en todos los aspectos. Gracias por todo, y hasta la próxima, un saludo muy afectuoso.
“Morgan”, con guión de Robin Wood.

Cacho Mandrafina

Honorífico ADA

 

 

GERARDO ÁLVARO CANELO

En el año del 85 aniversario de ADA conversamos con el dibujante, historietista e ilustrador gráfico Gerardo Canelo. Aquí cuenta sobre su trabajo, sobre ADA y sobre el futuro de la ilustración.

 

“ESTAMOS VIVIENDO UNA ETAPA
DE LA HUMANIDAD DE GRANDES CAMBIOS,
Y CAMBIOS NEGATIVOS PARA LOS QUE TRABAJAMOS”

Formás parte de ADA desde hace muchos años, ¿cómo ha sido tu experiencia dentro de la asociación?
Fui socio de la ADA en la década de los setenta, durante unos 10 años. Hoy soy otro de los afiliados a esta ADA. Reciente afiliado. Puedo dar algún testimonio sobre aquellos años ya que acostumbraba asistir a las reuniones convocadas aunque nunca fui miembro de aquella dirección. Creo que –históricamente– los organizadores de la Asociación llevaban la intención de hacer de la misma un lugar de reunión amistosa tipo club: organizar exposiciones, reuniones entre colegas, etc. Algunos de esos mismos colegas estaban, por otro lado, afiliados a la organización gremial de periodistas. En la época de los años setenta había en el país una fuerte efervescencia social y gremial, y la ADA no fue ajena a esa situación. Quizá por ese motivo se intentó conseguir la personería gremial con el asesoramiento del escritor y político José Gobello y luego con el accionar del doctor Manuel Evequoz, desaparecido por la dictadura en esos años. Tengo entendido que no se llegó a conseguir esa personería, cosa que personalmente lamento.

Las actividades actuales prácticamente las desconozco salvo el haber leído en internet sobre

algunas y la publicación de la revista digital Sacapuntas a la que fui leyendo con atención a me-
dida que podía bajarlas de internet. Tengo que decir que nadie de la ADA me propuso afiliarme,
cosa que no pude comprender ya que yo tenía una larga trayectoria como dibujante gráfico (hoy
son más de 50 años). Y, de mi parte y debido a mi consecuente abulia, tampoco me acerqué a la
ADA para afiliarme, como me correspondía hacer.
¿Qué pensás de la nueva administración?
Lamentablemente y por haber conocido hace poco tiempo a la actual administración de la ADA, me faltan datos de logros de su actividad en esta etapa de la ADA.

¿Le recomendarías a quienes llevan esta profesión que se asocien a ADA?
Por supuesto que recomiendo tanto a aficionados como a profesionales del dibujo gráfico que se afilien y se acerquen a la ADA. Solamente la unidad, solidaridad y objetivos en común pueden posibilitar –no solamente intercambiar– nuevas técnicas de trabajo y de editoriales donde trabajar, sino también conseguir logros en lo que respecta a los derechos profesionales de nuestra
tarea dentro de la cultura popular.
¿A qué colegas admirás?
Con respecto a mi admiración a colegas dividiría, por lo menos, en tres grupos a los profesionales
que he podido conocer. En primer lugar citaría a los compañeros que durante su trayectoria dignifican nuestra profesión. Los ejemplos son: Ernesto García Seijas, José Luis García López, Juan Zanotto.

Esto, respecto a dibujantes de historieta de aventuras a los que conozco y conocí como colegas.

Por otro lado están los que con sus trabajos me han impactado como para que yo me entusiasmara con esta profesión, tanto, que dediqué años de mi
vida intentando llegar a ser dibujante gráfico. Por ejemplo: Solano López y Hugo Pratt. En tercer lugar ubicaría a todos aquellos ilustradores que han sido compañeros solidarios.
¿Te gusta mirar el trabajo de nuevos artistas?

Me gusta y me asombra ver la obra de nuevos dibujantes gráficos. Son muchos y de alta calidad

profesional. Es una pena que la carrera de estos nuevos dibujantes gráficos se tenga que desarrollar en el extranjero ya que hoy prácticamente no existe mercado en Argentina donde publicar sus excelentes trabajos.
¿Qué cosas te atraen del trabajo de estas
personas?

El tiempo pasa y observo que las fuentes donde abrevamos nosotros los veteranos fueron las revistas Misterix, Patoruzito, las publicaciones de la Editorial Frontera y las de la Editorial Columba, mientras que las camadas de nuevos historietistas e ilustradores se nutren en publicaciones extranjeras de alta calidad profesional. En general, nuestra generación pensaba en trabajar para el lector argentino. Ellos, los jóvenes, piensan casi exclusivamente en publicar
en el extranjero y lo pueden hacer ya que su base de aprendizaje fueron justamente las publicaciones del exterior. Y esto de trabajar para el extranjero, por no tener un mercado argentino, es muy comprensible desde mi punto de vista, pero no lo ideal.
¿Qué proyectos disfrutás hacer?
Durante mi largo recorrido en el dibujo gráfico hice una gran variedad de temas y de escenarios. Donde me sentí más entusiasmado frente al trabajo fue haciendo historieta de época y con escenario argentino. Eso sucedió cuando con guiones de mi buen compañero Julio Álvarez Cao hicimos Carbajo, Ganzúa y Cía., ambientada en Buenos Aires en la década del 30.

También, desde siempre me atrajo dibujar humorismo político para poder opinar con mis dibujos. Y lo hice en varios medios alternativos y en publicaciones de kioscos.

Después de tantos años de profesión, ¿cómo renovás las ganas y energías para seguir trabajando?

Dibujando. Con el paso de los años mi ritmo de trabajo se fue haciendo algo lento. Pero esto me sucede, quizá, porque me meto demasiado en la documentación para conseguir–creo–, la mejor calidad posible. Por haber hecho dibujos con escenarios en el siglo XVI durante un buen tiempo me fui convirtiendo en adicto a escarbar lo más posible en la documentación. Y eso me quedó instalado. Pero, aunque lentamente, voy concretando algunos trabajos.

¿Existe algo que no te guste dibujar?
No me atrae dibujar máquinas, en especial las de naves del futuro. Creo que no podría hacer un buen trabajo con estos temas sobre todo porque existen trabajos magníficamente realizados por grandes dibujantes especializados en esos escenarios. Sí, creo poder disfrutar haciendo historias que transcurren en ciudades y futuro cercano. Por experiencia creo tener habilidad en adaptarme a diferentes escenarios y temas.

¿Rechazaste muchos trabajos?
Creo que nunca rechacé ningún trabajo que me hayan ofrecido de manera concreta, quiero decir
profesionalmente y para publicar.
De tus trabajos realizados, ¿cuáles son los que más te gustan?
Hice gran cantidad de historietas unitarias que, al verlas hoy, pienso que son trabajos que terminaron siendo de buen nivel. Pero de los personajes que creé durante mi carrera distingo a Carbajo, Ganzúa y Cía. que apareció durante algo más de 5 años en la revista D ?Artagnan; y a Matador, editado en la revista Intervalo, personaje que se desenvolvía en el ambiente de corridas de toros y en escenarios de fines de la década del 30 en el sur de España. Este último lo realicé junto a mis hijas Paula (que hizo las letras dibujadas y color con tintas) y Brenda (que hizo el color

con tintas). Fueron estas muy lindas experiencias.
¿Recordás cuál te presentó el mayor desafío?
En general me tomo muy en serio cada trabajo y eso lo convierte en un fuerte desafío, pero con el
personaje de Dago –del que hice unos 30 libros de unas 100 páginas cada uno– tuve que meterme en un escenario del siglo XVI en el desierto y en varios paisajes de Europa. Me costó, pero fui aprendiendo paralelamente la historia de esos interesantes años con sus intrigas, batallas y costumbres.
¿Te queda alguna meta pendiente en el mundo de la ilustración?
Y, sí. Dan vueltas por mi cabeza proyectos a futuro, pero, el tiempo dirá.

¿Qué cambios notás en el mercado a lo largo de los años?
Con internet, se abrieron nuevas formas y lugares donde tratar de conseguir editores para mis trabajos. Pero, lamentablemente yo no supe relacionarme y utilizar esas facilidades. Quizá me quede una sola editorial en el exterior donde podría trabajar de manera continua.
¿Te parece que las demandas de los clientes han cambiado?

Tuve la suerte de trabajar para editoriales donde tenía trabajo continuo y la relación terminaba siendo amistosa y por eso, quizá, desconozco las maneras que se tienen actualmente en el tema laboral.
¿Te asusta la inteligencia artificial (IA)?
Me parece que lo de IA es para preocuparse. No hice ninguna prueba con esta aplicación pero leí
varias notas donde se tiende a estar atento ante esto que parece demoledor para muchas activi-
dades. Me parece que no podemos ir más allá de “estar atento”. Estamos viviendo una etapa de la humanidad de grandes cambios, y cambios negativos para los que trabajamos. Por eso saco la

conclusión de que estos adelantos tecnológicos tendrán que traer aparejados grandes cambios enlas relaciones sociales de los que habitamos este planeta. Se verá.
¿Cuál pensás que será el rol de los ilustradores en el marco de sociedades que manejan IA?
Lo desconozco, por supuesto. Leí bastante sobre los avances en tecnología que avanzan sobre la historia. En su momento, la llamada Revolución Industrial (fines del siglo XVIII) tuvo fuerte resistecia y esos nuevos avances tecnológicos arrollaron a los que resistían. Y así la historia, pero tuvieron que venir cambios sociales de importancia como para que no desapareciese el ser humano de la faz de la tierra. Creo que no se trata solamente de resistir sino de tener una ideología propia como para que el que se esté beneficiando con esa IA tenga reemplazo en manos de los que realmente trabajamos.

Si volvieras a ser aquél joven ilustrador que estaba dando sus primeros pasos, ¿qué le recomendarías?
Si volviera a ser aquel joven aspirante a dibujante gráfico que andaba tocando timbre en las editoriales, le recomendaría que sepa defender los trabajos que realice con honestidad y que no se deje maltratar por el que le pueda dar a hacer algún trabajo.

No sé qué piensan los jóvenes profesionales pero recuerdo que tanto yo como varios de mis com-
pañeros, con tal de conseguir la publicación de nuestros dibujos, aceptábamos las condiciones
del editor sin chistar.
¿Cuál es el mejor consejo que recibiste?
El mejor consejo que recibí fue que al dibujar tenga presente al lector que va al kiosco o a la librería a buscar fantasía. Y, es cierto, es imprescindible la buena relación entre los que argumentamos y dibujamos y el lector.
¿Qué consejo le darías a las nuevas generaciones?
No sé si puedo yo dar consejo ya que resultará, por lo menos anacrónico. Sólo puedo decir que realicen su tarea con la mayor dignidad pensando que es muy importante nuestro papel en la construcción de una parte de la cultura popular.

¿Qué deseás para ADA y los dibujantes?

Que entre la ADA y sus miembros todos, haya unidad y crecimiento real. Y metas que tiendan a dignificar nuestra tarea.

Dejo expreso mi agradecimiento a los compañeros de la ADA el haberme distinguido como Miembro Honorario de tanta significación para mí y mi familia toda. Espero ser merecedor de semejante nombramiento. ¡Qué viva el 85 aniversario de nuestra ADA!

 

Gerardo Canelo

Honorífico ADA

ANA LUISA STOK

La ilustradora honorífica de ADA nos cuenta sobre su trabajo,
lo que significa para ella la Asociación y las recomendaciones
que le daría a quienes comienzan a dar sus primeros pasos en este camino.

“ME ENCANTA ASOCIARME A UN BUEN ESCRITOR, ASÍ COMO A UN EDITOR CREATIVO
O DISEÑADOR Y TRABAJAR JUNTOS PARA CREAR UN LIBRO MEJOR”

Formás parte de ADA desde hace muchos años, ¿cómo ha sido tu experiencia dentro de la asociación?
Formo parte de ADA desde siempre y puedo decir que ADA nos ha dado un marco de referencia desde lo legal y lo creativo muy deseado, así como un mayor contacto entre los ilustradores del país.
¿Recordás alguna anécdota de la asociación o alguna acción que haya realizado ADA?
Con Paula Frankel creamos las primeras Jornadas para ilustradores en la Feria Internacional del Libro. Éramos dos ilustradoras con muchas ganas de hacer cosas y uno de nuestros intereses primarios fue poder acercar a los colegas claridad relacionada con temas de autoría y contratos. También acercarlos a las editoriales y a los editores. ADA supo continuar, mejorar y hacer crecer

todos esos ítems y más.
¿Qué pensás de la nueva administración?

La nueva administración aporta modernidad, agilidad y unión. Se organizan concursos, convocatorias, ferias del libro, por lo tanto visibilidad y apoyo para los ilustradores.

¿Por qué le recomendarías a quienes llevan esta profesión que se asocien a ADA?

Porque da un buen marco de referencia y respaldo a los ilustradores, que de otra manera estaríamos bastante solos.

¿Qué colegas admirás?
Los nombres serían muchos. Lo que más admiro es un trabajo sólido en vibración con el texto, e

imágenes sensibles donde la creatividad y el profesionalismo se destacan.

¿Te gusta mirar el trabajo de nuevos artistas?
Siempre.
¿Qué cosas te atraen del trabajo de estas
personas?

Su nueva mirada, su búsqueda y la técnica usada.
¿Qué proyectos disfrutás hacer?
Me encanta asociarme a un buen escritor, así como a un editor creativo o diseñador y trabajar juntos para crear un libro mejor.
Después de tantos años de profesión, ¿cómo renovás las ganas y energías para seguir trabajando?
Las ganas y energías se renuevan cuando encaras un proyecto que te gusta mucho. Y debo decir que allí lo disfruto como el primer día.

¿Existe algo que no te guste dibujar?

No, aunque en general mi trabajo es más bien figurativo.

¿Rechazaste muchos trabajos?
Creo que más que rechazar dejé de hacer libros con los cuales no me identificaba.
De tus trabajos realizados, ¿cuáles son los que más te gustan?
Sin duda el libro hecho con Liliana Bodoc, Una Versión de Dios; Saburo, que hice con Graciela
Rendón; y El Vestido que estamos preparando con María Teresa Andruetto.
¿Recordás cuál te presentó el mayor desafío?

Cuando leí el texto que me proponía Liliana Bodoc para Una Versión de Dios, me impresionó

que fuera una propuesta tan metafísica. Sentí mucha responsabilidad y debo decir que me lle-
vo mucho tiempo encontrar el camino de las imágenes. Especialmente porque en el medio del

proyecto Liliana partió y nos dejó un vacío que hubo que remontar.

¿Te queda alguna meta pendiente en el mundo de la ilustración?
No lo veo así. En esta época me llegan y busco proyectos con gente que admiro y con quienes podemos dialogar y pensar en sintonía. Es allí donde me realizo plenamente.

¿Qué cambios notás en el mercado a lo largo de los años?
Noto ilustradores más profesionales, editores que dialogan más con los ilustradores y escritores mucho más cercanos.

¿Te parece que las demandas de los clientes han cambiado?

En general yo me he movido y me muevo en el ámbito editorial. Desde ese nicho diría que sí, todos sabemos un poco más qué queremos.
¿Te asusta la inteligencia artificial (IA)?
Me parece muy atractiva.
¿Cuál pensás que será el rol de los ilustradores en el marco de sociedades
que manejan IA?

Poner siempre a disposición su creatividad y proteger su rol así como su obra.

Si volvieras a ser aquella joven ilustradora que estaba dando sus primeros pasos,
¿qué te recomendarías?

Prestar atención al texto, leerlo hasta desmenuzarlo y desde allí crear respetuosamente. Estar muy atento a los contratos y saber que somos siempre, dueños de nuestras imágenes. Nunca ofrecer maneras de trabajar con las que no nos sintamos cómodos.
¿Cuál es el mejor consejo que recibiste?
Cuando yo empecé no existía la carrera de ilustración, ni había talleres de cómo presentar un portfolio. Por lo tanto, iba a las editoriales con una carpeta en mano armada con un perfil muy salido de la escuela de Bella Artes. Mi primer editor “el negro Rojas” me ayudó mu-
chísimo pidiéndome que tomara algunos personajes que había llevado y los repitiera en diferentes posturas y perspectivas. Fue respetuoso de mi trabajo y logré –de su mano– entender algo de cómo se trabajaba en ilustración editorial. Así obtuve mi primer libro.
¿Qué consejo le darías a las nuevas
generaciones?

Lo mismo que me recomendaría a mí misma. Porque esa ilustradora que era yo está reflejado en cada ilustrador que empieza, aunque la época no sea la misma.

¿Qué deseás para ADA y los dibujantes?
Para ADA deseo que crezca y sea una referencia confiable para los ilustradores de todo el país. Y que los ilustradores encuentren en la asociación un respaldo y una comunidad.

Ana Luisa Stok

Honorífico ADA

 

ISTVAN SCHRITTER

Militante activo de la ilustración, Istvansch conversa sobre sus comienzos, los
cambios en el mercado, sus proyectos editoriales, ADA, la Inteligencia Artificial y
las recomendaciones que le daría a quienes se inician en este camino.

Formás parte de ADA desde hace muchos años, ¿cómo ha sido tu experiencia?

Siempre ha sido excelente. Siempre. Soy muy militante de la ilustración, y fui de los primeros en aquellos años inmediatamente posteriores a la dictadura, cuando empezó a circular la nueva literatura infantil. Mi carrera comenzó siendo todavía adolescente, y publiqué mi primer libro en 1987, recién salido de la secundaria. En ese momento quienes nos dedicábamos a la literatura infantil éramos unos pocos gatos locos, y empezamos a desarrollar acciones que desembocaron en la fundación del Foro de Ilustradores. Fui fundador junto a ese pequeño y entusiasta grupo, y me transformé en algo así como la “cabeza” del Foro, en esos primeros años (siempre fui muy activo en la lucha por el reconocimiento de nuestro arte y ese ser “cabeza” no fue algo asignado, sino que se dio naturalmente, de manera espontánea).

En esa época ADA era una agrupación a la que todavía no conocíamos y estaba en un momento no tan esplendoroso como el de ahora, desarrollamos algunas pequeñas acciones en conjunto, pero nada más. El momento en que siento que me sumé definitivamente fue cuando nos integramos en Dibujantes Trabajando (en la lucha por la ley del INAG) y se juntaron todas las asociaciones. Entonces entré a ser parte de ADA,  siempre con muy buena llegada y buena experiencia.

¿Recordás alguna anécdota de la Asociación o alguna acción que haya realizado ADA?

Lo que recuerdo vívidamente es la lucha por el INAG. Las gestiones del principio para crearlo, y que se vote la ley. Con Gustavo Mazali íbamos codo a codo al Congreso por este tema. Fue toda una temporada de días muy intensos…

También recuerdo algo que no sé si es una anécdota, pero es un dato simpático. Cuando empecé en el Foro tenía apenas 18 años y tal como dije antes, era muy activo, tomé la bandera y me puse al frente. A mis 30 ya estaba más cansado y, aunque nunca dejé de militar, decidí parar un poco, dejar de estar en toooodo, y dedicarme a acciones puntuales: fue así como a esa temprana edad pasé a ser parte del “Consejo de Ancianos” (así llamamos en tono de parodia –pero quedó– al grupo de quienes estábamos desde el principio, en contraste con nuevas generaciones). Cuando se integra el Foro con ADA yo ya me consideraba un anciano ¡ja!, aunque ni siquiera peinara aún canas. Es por eso que al entrar en la asociación siempre sentí que era como esos sabios que aconsejan cuando hace falta. Hice muchas cosas aquí, pero siempre cuestiones puntuales. Siempre les digo: “Úsenme para las cosas que impliquen ‘vivencialidad’ histórica”. Por ejemplo cuando se necesita escribir algo teórico, o cuando hace falta la opinión de un referente que haya vivido aquellas primerísimas luchas . 

Como decía, no es una anécdota, pero tiene algo de eso. Me siento desde muy chico como un “anciano sabio” dentro de este grupo. 

¿Qué pensás de la nueva administración? 

Me parece fantástica. Con Poly somos amigos hace muchísimo tiempo. Es un tipo súper respetable, pujante y activo, así que me encanta.

A decir verdad, ADA viene funcionando bien desde hace muchos años atrás (antes de la nueva administración). Todos los progresos que se han hecho son fantásticos y hace varias gestiones que viene creciendo muchísimo, eso es desde cualquier punto de vista merecedor de todos los aplausos.

¿Qué cambios positivos encontrás en ADA?

Es importante aclarar que yo vengo desde tiempos en los que no había nada de respeto por la ilustración, ni por los ilustradores, ni por nada. Basta un botón para ejemplificar: muchísimas veces las ilustraciones originales terminaban en la basura, sin que quien las había creado se entere, sin derecho a rescatarlas, era un horror. Había que inventar estratagemas cual Operativo Ninja para recuperar una ilustración, porque se las quedaban como si fueran propiedad de ellos. Eran todos trabajos en papel, porque lo digital no existía, entonces se acumulaban, ocupaban espacio físico, y tras algunos años, cuando los depósitos rebalsaban, en vez de llamar y devolverlas ¿qué era lo más simple?, ¡tirarlas a la basura!, con total impunidad… 

Los cambios positivos son montones. Para alguien como yo, que ha tenido que meterse de contrabando en una editorial para recuperar y salvar originales –con empleados espías adentro, cómplices y “campanas”, cuidando que no me vean cuando me los llevaba–, los avances son enormes .   

Todo lo logrado me parece fantástico, porque estábamos realmente mal, y no diré que ahora estemos excelente, pero cuando escucho a nuevas generaciones lamentándose con afirmaciones tipo “todo está para atrás”, o “estamos peor que antes”, o “no se puede creer lo perversas que son las editoriales”, siento que no llegan a tener conciencia de todo lo que se ha avanzado. 

Por supuesto que hay que seguir luchando, pero no tenemos que perder registro de que en otros momentos cuando un editor no reconocía derechos, o por unos pocos billetes pretendía usufructo de por vida de una obra, o se quedaba con los originales, no era por “maldad” ¡era porque así eran las cosas!, apenas reaparecíamos después del horror de los militares y todo estaba realmente mal, y el mundo editorial funcionaba así. Ahora claro que sé que hay editoriales que siguen haciéndose las sotas con estas cosas, pero es inmensamente valioso tener la certeza que saben perfectamente que no deberían comportarse así. Discutir un contrato con ese as en la manga es infinitamente más fácil que discutirlo con alguien que no tiene idea de qué le están hablando, y al que encima hay que educar, que era lo que teníamos que hacer en aquel entonces: tratar de lograr que nos reconozcan y al mismo tiempo, hacer docencia ¡era agotadoooor!

Hemos sido TAN eficaces en nuestra lucha, TAN constantes a lo largo de las últimas tres décadas, que afirmo que, definitivamente estamos mejor. 

Cosas como el Catálogo Online de Proyectos Editoriales que está en la web de ADA y que prácticamente es una especie de agencia, es para mí como el País de las Maravillas. Es fantástico. Otra: que dentro de las actividades de ADA estén instaurados los envíos a Bratislava también es maravilloso teniendo en cuenta que en aquellos lejanos años de eso nos ocupábamos nosotros individualmente, pagando carísimo los envíos.

¡Y el simple hecho de que se reconozca la ilustración como un discurso dentro del libro!, eso, solamente eso, es una ganancia inmensísima, una exclusiva ganancia de nuestro hacer, de nuestro difundir y promocionar. Hoy, en las escuelas, desde jardincito hasta secundaria, se entiende la ilustración como parte importante en la lectura de un libro ilustrado, es bastante raro encontrar docentes que no hayan pasado aunque sea de refilón por algún curso en donde se hablara de lectura de imágenes aunque sea alguito, si no se formaron en eso, saben por lo menos el titular. Hace treinta años las maestras no sabían ni que la ilustración existía, la tenían enfrente y no-la-ve-í-an, pensaban que era un adorno, y punto. 

Y podría seguir enumerando pequeñas y grandes cosas que hacen a una enorme y auspiciosa diferencia entre el ayer y el hoy de la ilustración argentina. Hace 36 años de mi primera publicación –tengo 54– y siento que haber logrado todo esto es fabuloso. 

¿Le recomendarías a quienes llevan esta profesión que se asocien a ADA?

Es muy importante estar unidos, tener un punto de referencia, participar de acciones que hagan que uno se reconozca parte de un grupo. Pienso en aquellos tiempos en los que no había nada: lo primero que hicimos fue agruparnos, éramos apenas siete gatos locos, siete, después había algunas gentes sueltas por ahí, pero que no se dedicaba exclusivamente a los libros infantiles. Al unirnos ganamos en fuerza, pudimos compartir desde pareceres y experiencias, hasta consejos sobre técnicas de dibujo o estrategias para discutir contratos.

Es esa experiencia la que me lleva a recomendar vivamente asociarse a ADA, pues es importantísimo sentirse identificado con quienes hacen lo mismo que uno. 

Por otro lado, ADA ofrece importantes servicios, como asesoría legal, como la participación en los catálogos… ¡son tantas las cosas que antes teníamos que arreglarnos por nuestra propia cuenta y ahora, gracias al agruparnos, están facilitadas!  

¿A qué colegas admirás?

No me gustaría dejar a nadie afuera. Debería nombrar a un montón de gente y seguramente me olvidaría de nombrar alguno. Lo primero que me viene a la mente es la admiración que tengo por gente que ha trabajado muchísimo y que además es muy talentosa en lo que hace, pero son montones y por razones diversas, desde estéticas hasta políticas (en razón de lo que han hecho a favor de la profesión). 

Para que la pregunta no quede vacía, sí creo hacer justicia al recordar aquí al Negro Rojas (Saúl Oscar Rojas), él fue el primero –tras el advenimiento de la democracia– en organizar una muestra específicamente de originales de libros infantiles (en el 88 u 89, en la Fundación San Telmo). El cafecito posterior a la inauguración de aquella muestra fue lo que despuntó aquel primer grupo de siete personas que empezamos con toda la movida. El Negro también fue quien primero se plantó con temas de contratos y devolución de originales. Bien vale aprovechar esta pregunta para homenajearlo. 

¿Te gusta mirar el trabajo de nuevos artistas?

Me encanta y siento que siempre estoy atrasado con eso. En La otra lectura. Las ilustraciones en los libros para niños (mi libro teórico, el primero sobre el tema en nuestro país, salió en 2005), cité a todas las personas que en aquel momento estaban en el candelero, tanto figuras asentadas como nuevas, lo menciono porque en estos tiempos estoy en plan de actualizar ese libro y, a la vez, también estoy trabajando en un nuevo libro teórico, y una de las cosas que me escoce hacer, para ambos proyectos, es mirar a conciencia lo que hace gente nueva. Voy chusmeando, claro que sí, y viendo artistas súper interesantes, pero tengo pendiente el hacerlo a conciencia y estudiando a fondo esas nuevas voces.

¿Qué cosas te atraen del trabajo de estas personas?

Creo que la palabra clave, sean nuevos artistas o artistas en general, es libertad. Lo que anhelo al ver una obra es detectar que quien la hizo trabaja desde la absoluta libertad, descubrir que en su obra se halla plasmado ese momento de iluminación, de conexión absoluta con sí mismo y con el cosmos, que hizo que esa creación sea expresión de su ser desatado de cualquier convención, estereotipo, corrección política o mandato. Respeto y busco, mucho y siempre, esa forma de expresarse de la libertad. 

Otra de las palabras clave que me produce atracción en el trabajo de cualquier artista se la robo a Isol, que la dijo una vez en una entrevista y me pareció brillante. Esa palabra es opinión

Siempre que uno hace algo, está ubicándose social y políticamente en un lugar histórico. Aunque esté dibujando una viñetita de lo más cándida, lo está haciendo en relación con su aquí y su ahora social y político (incluso quien no se interese en la política o piense que no está comprometido socialmente, es individuo político y social, pues el no ser parte es también una toma de posición ¡y vaya que lo es!).

Libertad y opinión, esos son los elementos clave que me parecen importantes a la hora de ver el trabajo de alguien.

¿Qué proyectos disfrutás hacer?

Los proyectos absolutamente propios, aquellos en los que escribo, dibujo y diseño, aquellos en los que hago todo y en los que todo interactúa activamente para establecer un diálogo autor/lector, que es también activo. 

Las investigaciones creativas de mi vida giran en torno a esto. Más allá del álbum –puedo decir que soy quien trajo el álbum a nuestro país, y el primero que publicó una colección de álbumes en Argentina: Libros-álbum del Eclipse–  me encanta el libro performativo. El libro que actúa como cuerpo, junto con el cuerpo de quien lee. 

Me gustan los libros que se puedan atravesar y que permitan ser atravesados, que –sean o no libros-objeto– dialoguen físicamente, que haga falta darlos vuelta, girarlos, hacer cosas diversas con ellos y a partir de ellos. Me fascina el libro que, aun teniendo formato de libro común y corriente, obliga a moverse, saltar y leer de determinada manera. 

Uno de mis títulos más recientes se llama Para allá, para allá y es para leer en movimiento. No podés no moverte. Te tropezás con el lomo, te caés de la página, tenés que volver a montarte, tenés que meterte en la tapa de nuevo, zambullirte en el pliegue… Eso es lo que más disfruto hacer. Proyectos integrales en donde quien lee se vea obligado a comprometerse físicamente –además de intelectualmente– con el libro. 

Después de tantos años de profesión ¿Cómo renovás ganas y energías para seguir trabajando?

Es que cuando uno tiene una pasión eso está garantizado. De la mano de la pasión, siempre hay ganas y energía. 

Los impedimentos y las preocupaciones ya sabemos que son inevitable, encima ya sabemos que este es un país que se está yendo al garete constantemente, así que las excusas para la melancolía las tenemos al alcance de la mano a cada paso, pero no se puede vivir en estado de lamento, la vida sigue y hay que aprovecharla, y los artistas tenemos el privilegio de tener esta llave de la felicidad que es la creación. Hay que ser conscientes de eso. 

Seguramente vos también como ilustrador habrás notado que algunas veces uno está en el tablero y descubre que el tiempo se le pasó volando, que de repente es de noche y uno ni se dio cuenta, y encima el dibujo que acaba de hacer está buenísimo… Esos momentos son de felicidad plena, como si se hubiera estado levitando. 

Cuando uno cobra conciencia cabal de la existencia de esos momentos en su vida, y que si se dieron una vez y otra más, van a volver a repetirse, tiene aseguradas las ganas y las energías.

¿Existe algo que no te guste dibujar?  

Detesto dibujar motos y plazas, aunque si hay que hacerlas, las hago, claro (risas). 

A las motos las puedo tolerar más que a las plazas, que me parecen una cosa insoportable (más risas). Dibujar las hamaquitas, los toboganes, tannnntos elementos puestos uno al lado del otro, tannnto caño suelto que en la página se mezcla con rama y con veredita y con pata de niño que juega ¡uufff, qué merengue de líneas! (siguen las risas).

Adoro ir a plazas, pero dibujarlas me pone muy nervioso.

Por otro lado, lo que más me gusta dibujar son soles y todo lo que tenga forma de sol. Mis dibujos de ojos son muchas veces muy similares a soles, las flores son soles, los leones son soles, desde sus melenas...

¿Rechazaste muchos trabajos?

Efectivamente, sí, rechacé muchos trabajos. No hago libros que me parecen mal escritos y lo digo: “¿Esto es la versión final?, necesita más trabajo, ¿dale que me lo mandabas cuando terminan de corregirlo?”. 

Te podés imaginar que me mandan al cuerno. 

No literalmente, claro, porque me respetan mucho, pero no puedo dejar de decir cuando algo me parece flojo… Así, he puesto en evidencia a editores y escritores, y he perdido esos trabajos, sí, pero he ganado muchísimo respeto. 

Tiene que ver con lo que dije antes: es una toma de posición totalmente política, seguramente me he perdido de ganar mucha plata por esos rechazos, pero no concibo legitimar algo inmaduro por simple ambición. Soy un tipo que nunca ha hecho fortuna, pero me siento tranquilo con eso, me gusta ir hacia la excelencia, prefiero tomar trabajos de menos dinero pero que me parezcan inteligentes, no tolero lo mediocre o lo anodino, aunque impliquen mucho dinero me resultan no solamente soporíferos, sino insanos. 

La felicidad se elige, y definitivamente no está en lo mediocre, así que opto por lo que me parece que realmente merece estar editado y pasar a ser parte del mundo.

Hay que tener en claro que uno como artista crea algo que nunca antes estuvo en la faz de la Tierra, eso es un compromiso muy grande, no se puede perder el tiempo en hacer pavadas, cada dibujo que sale de nuestra mano es un integrante nuevo ¡y único!, en el universo. Creo que debemos ser responsables frente a eso, y sobre todo en el momento de publicar: no se puede meter en el mundo una porquería a sabiendas de que es una porquería, simplemente porque “va a vender”, es un horror esa conducta… y lamentablemente se pueden armar bibliotecas enteeeeras con producciones de esa índole, producciones que –como decía Ana María Machado– no valen ni la pulpa del árbol con la que fueron fabricadas.

De tus trabajos realizados, ¿cuáles son los que más te gustan?

Soy muy estricto conmigo mismo y con lo que hago, todo tiene que estar bien, tengo que sentir que todo lo que podía dar, lo di. Cuando entrego algo es porque no le veo nada más para corregir, siempre les digo a mis alumnos y alumnas que cuando escuchan una voz interna que detecta que en las imágenes o en el texto hay algo que falta, significa que el libro no está listo para salir. Como siempre sigo esa consigna, mis libros publicados me gustan. Hay muy pocos a los que, viéndolos en la distancia, les encuentro que podrían haber estado mejor, pero la gran mayoría son obras de las que puedo sentirme orgulloso, por eso me cuesta contestar esta pregunta eligiendo algunos por sobre otros. 

Puedo tal vez abordarla desde esta perspectiva: siento que algunos de mis libros generaron algún cambio en la literatura infantil argentina, entraron en un lugar en donde no había nada. Esos sí los podría destacar.  

Libros-álbum Del Eclipse, por ejemplo, es una colección que vino a ocupar un espacio vacío. Desarrollada entre 2003 y 2017 en Ediciones del Eclipse (gracias a la valentía de Rosario Charquea, su dueña, que se prendió en lo que parecía ser una locura), es ahora objeto de estudio en maestrías y doctorados. 

Otros libros míos como  ¿Has visto?, Para allá, para allá, Puatucha Rentes, la leyenda olvidada, Obvio, mis “bandas infinitas” (Detrás de él estaba su nariz y Una vaca que habla, Saturno y Plutón), han ocupado un espacio en donde prácticamente no había nada similar… Títulos que creé a conciencia de que sería necesario militarlos, hacer acciones en público, leerlos, narrarlos, porque al ser “raros” habría que comprometerse con ellos, y hacer tareas de promoción y difusión para que los públicos los entiendan y abracen. Y lo hice y fueron entendidos y abrazados. Y eso me llena de orgullo.

¿Recordás cuál te presentó el mayor desafío? 

El libro en el que más tardé es Puatucha Rentes, la leyenda olvidada. Me llevó nueve años de trabajo, de idas y vueltas, de meses de trabajo activo y meses de cajoneo y dejar reposar . Yo sabía que el proyecto funcionaba, pero avanzaba un poco y lo dejaba estacionar un rato, luego lo sacaba del cajón y avanzaba un poco más. Hice tres veces todos los originales, completos. 

Se trata de una parodia de un catálogo de arte en torno a la figura –inventada– de Puatucha Rentes. El libro está planteado como si ella existiera verdaderamente, y yo me ubico en el lugar del curador de esa “exposición” de Puatucha de la que el libro es “catálogo”. Es absolutamente patafísico (la patafísica es la “ciencia de las de las soluciones imaginarias”, al decir del genial dramaturgo francés Alfred Jarry, que la “funda” en los comienzos del siglo XX), me llevó muchísimo trabajo porque tuve que estudiar el discurso del arte y de la crítica de arte, todo desde la parodia y el diálogo irónico y desopilante con los artistas con los que Puatucha Rentes dialoga estéticamente, un trabajo que así abreviado parece simple, pero fue extremadamente complejo.

¿Te queda alguna meta pendiente en el mundo de la Ilustración?

Sí. Siempre van a quedar metas pendientes. Algo que me gustaría hacer y que todavía no pude, es un libro ilustrado largo en serio, tipo 300 páginas pero no novela gráfica, sino libro ilustrado, o álbum, me encantaría poder llevar a cabo eso, pero bueno, la vida cotidiana nos lleva por sus zigzagueos, aparecen cosas que se interponen, y un proyecto así se retrasa… pero espero poder llegar a hacerlo. 

Soy consciente que tampoco sería fácil ubicar editorialmente un libro así de enorme en nuestro país, pero no pierdo la esperanza. 

Tengo muchos deseos que ojalá pueda cumplir,  pero si no se cumplen tampoco es grave, porque la verdad es que me siento muy contento con todo lo que he hecho. 

¿Qué cambios notás en el mercado a lo largo de los años?

Ha cambiado muchísimo todo. Se ha vuelto más leonino e impersonal. Cuando empecé no había multinacionales. En aquel entonces, en el mundo de los libros ilustrados para chicos, la única gran empresa era Atlántida. Nada que ver con este momento en donde los grandes grupos editoriales son muy fuertes, y están muy presentes en el mercado nacional. 

Me voy a explayar sobre un detallecito muy sutil y, e inofensivo en apariencia, que me parece significativo en grado sumo: hace 30 años quienes vivíamos de la ilustración de libros infantiles y manuales, no hablábamos de “clientes”. En cambio ahora sí, la escucho muchísimo en boca de las nuevas generaciones de ilustradores e ilustradoras, para referirse a las editoriales.

Decir “mi cliente” en vez de “mi editor” o “mi editora”, es marca de una torción hacia una forma más capitalista del discurso. Desde el inconsciente y desde la sensación íntima, es un giro de 180 grados sobre la mirada hacia el otro. Jamás consideré esa palabra como para definir a mis editores. Con ellos siempre tuve una llegada muy próxima. La palabra “cliente” es muy fría, viene del costado de la transacción, no contempla la plusvalía la pasión y el amor que tiene que tiene per sé un dibujo. 

Hace 35 años, esas luchas / discusiones / conversaciones / diálogos / encontronazos, / desacuerdos y acuerdos, por los derechos de autor y las devoluciones de originales, no las sosteníamos con “clientes”, las sosteníamos con editores, con escritores,  con colegas, nuestros colegas (y mirá qué importante la palabra “nuestros”, que implica paridad). Desde ahí era que enfocábamos todo. 

La masivización de la palabra “cliente” es un ejemplo chiquito pero muy claro (y preocupante) de los cambios del mercado en los últimos tiempos. Desde esa expresión, el/la ilustrador/a que la usa queda puesto en un lugar sensible distinto, un lugar más frío y distante. 

Antes, incluso las discusiones y peleas estaban atravesadas por algo del orden del afecto, porque cuando debatís con otro entendés que existe otra posición y que va a haber que encontrar la manera de solucionar la diferencia. Pero ese otro era un par. Si el otro es un “cliente”, todo se transforma en una transacción en la cual si no arreglamos, el trabajo no solamente no se hace sino que como no era más que un negocio, el que se caiga no significa frustración porque tampoco hubo ilusión de hacerlo… y se supone que la ilusión de crear es inherente al artista… lo sensible desaparece totalmente si nos ponemos en situación de “ofrecer un servicio” en vez de “crear una obra”, o de “tener un cliente” en vez de “tener un editor”.

Esto me parece uno de los cambios más profundos que ha tenido el mercado a lo largo de los años. Y es un problema. Es sutil, pero por eso mismo más peligroso.  Los cambios sobre problemas más visibles, pongamos por ejemplo las idas y venidas en el tema derechos de autor, a esta altura son menos peligrosos por más superficiales, esto no quiere decir que no sean importantes (son importantísimos, claro que sí), pero ya están en la superficie, los vemos claramente, tenemos conciencia de ellos como para estar atentos y salirles al cruce… Lo otro, lo sutil, al no notarse, se filtra, se filtra, se filtra, y no arregla ninguna relación, al contrario, la erosiona.

¿Te asusta la inteligencia artificial?

No hay mejor palabra que susto para definir lo que siento frente a la Inteligencia Artificial. Me parece un giro tan macabro como inevitable de la Era Digital. Un plan elucubrado por las mismas máquinas, cumpliendo prolijamente las premoniciones de todas las novelas de ciencia ficción. 

Siempre se me ríen con mis predicciones de que nos vamos al garete, que nos van a dominar los robots y que, además, lo vamos a ver (si no llega el meteorito antes, claro). Hace como 15 años lo vengo prediciendo como indefectible. Antes decía que faltaban algunas generaciones, en este momento te juro que creo que sí: lo vamos a ver. 

No estoy tan loco, hay filósofos que ya prevén un destino así, precisamente a partir del tema de la inteligencia artificial. Es muy peligroso lo que está pasando, hay que regular con urgencia porque esto se nos va de las manos. Y va a manos de las propias máquinas. Los otros días cambié el celular, con la contraseña de Gmail todo lo del viejo pasó al nuevo, incluso lugares que solamente yo (aparentemente) sabía que transité, o productos que solamente yo (aparentemente) sabía que consumí . Todo está registrado en Google. Sabe todo de nosotros y lo vincula. Tenemos nuestras vidas entregadas a las máquinas ¿y ahora encima pueden crear, y copiarnos?... Realmente me asusta.   

¿Cuál pensás que será el rol de los ilustradores en el marco de sociedades que manejan inteligencia artificial?

Esto que hace ADA de salir a oponerse al mal uso de la IA me parece muy bueno, hacer campaña en contra (o, mejor dicho, advertir de los peligros), y sumarse a otras campañas existentes. Es importante que ADA siente posición en relación a eso, como un camino que va a haber que seguir. 

Creo que, como artistas, vamos a tener que plantarnos en un espacio que vuelva a la aldea chica. La manera de afrontar a la IA es la vuelta al trabajo manual. El mundo se ha transformado en algo plano y masivo, en donde siguen consiguiendo vendernos el verso de democratización que supuestamente implica el acceso a Internet, cuando la realidad es que estamos definitivamente cautivos de los aparatos y las redes. Sostengo que la manera de salir de eso es crear desde las manos, con herramientas básicas, “a la antigua”. Es una enorme oportunidad para quienes trabajamos con materiales tangibles. 

Jamás trabajé en computadora. La uso para escribir, para ajustar una que otra foto, pero todo mi trabajo es en papel. Mis originales son muy impactantes, muy llamativos, tienen muuuuchas capas de papeles y papelitos, y son obsesivamente prolijos. Siempre entrego presencialmente en las editoriales, transformando esa entrega en un show. No te puedo explicar el estado de magia en el que entra quien se acerca, sea del palo que sea, desde la sección editorial a la contable, desde diseño a corrección, o administración, o gerencia, , todo el mundo se acerca con asombro. La gente de diseño de mi generación no pueden creer que después de tanto tiempo ven otra vez un dibujo así, ”real”; las y los diseñadores recientemente recibidos se sorprenden porque directamente desconocían que hubiera dibujos hechos así, en papel (en serio, no estoy exagerando, me lo dicen así “no sabía que había”, es muy fuerte, además de preocupante, claro). 

Creo que la resistencia a la IA es la vuelta a la producción manual, a la cosa sensual del trabajo con lo matérico, y no con el chip. El papel, la tela, las pinturas, el líquido, el pincel. Esa vuelta nos va a salvar de tanta cibernética pretendiendo hacerse la creativa.

Si volvieras a ser aquel joven ilustrador que daba sus primeros pasos, ¿qué le recomendarías?

Le diría que mientras hace los libros genere algún otro tipo de negocio relacionado también con lo artístico, como para tener ingresos también por otro lado. 

Te cuento en qué ando pensando yo en estos días: en diez años me jubilo, tengo los aportes súper y prolijamente al día, pero como artista ya sé que voy a tener una jubilación mínima (que es a donde vamos todos lo que tenemos esta profesión si es que no hicimos aportes por otro lado), o sea, si llego a tener que depender de mi jubilación, voy a estar  muy por debajo de la línea de pobreza. Es un futuro patético, así de sencillo (obvio que tendré los derechos de mis libros y qué sé yo qué más, pero ponele que por X o por Y tuviera que depender de mi jubilación ¡me muero muerto instantáneo!).

Por eso al Istvan de veinti, este de cincuenti le aconsejaría generarse algún otro negocio como respaldo para el futuro. Quede entonces como consejo extensivo para quienes están empezando. 

Si no fueras ilustrador, ¿Qué te hubiera gustado hacer?

Cuando niño también pensaba en ser arqueólogo. Hoy te diría que una profesión que me fascina es el periodismo, me parece alucinante ese poder de ver la realidad, sacar conclusiones y resumirlas en una nota. 

¿Cuál fue el mejor consejo que recibiste?

Esta la tengo re clara, fue una frase absolutamente fantástica y liberadora. 

Estaba en México. Trabajé unos meses allá, en la Universidad Pedagógica Nacional, haciendo una serie de manuales, corría el año 93. Yo ya tenía mis primeros libros publicados, había ido por turismo a ese país bellísimo, y por esas cosas del destino me invitaron a hacer una muestra que resolví muy rápida y eficazmente, eso llevó a que queden encantados tanto con mi estética como con mi responsabilidad para cumplir con el compromiso, y me ofrecieron trabajar en esos manuales con todo cubierto: honorarios, alojamiento y comida.

Era un trabajo en equipo divino, ahí mismo, cual redacción, todos juntos en una enorme sala de la universidad. El editor me apreciaba mucho, sabía que respondía bien laboralmente y que tenía un estilo muy fresco y espontáneo. Uno de esos días, me encomendó una serie de dibujo que llevé a su oficina. Como eran para manuales escolares yo los había hecho más controladitos, no demasiado desbordados ni vibrantes de color. 

Él, al mirarlos, me dijo la frase-llave de mi vida: “Alócate”. 

Fue como si me hubieran abierto un portal mágico. ¡”Alócate”, qué maravilla de consejo! Yo ya estaba “alocado” porque siempre lo fui, pero a partir de ahí me di cuenta de que el punto está en liberar la mente siempre y para todo. No importa si son manuales u otra cosa. Siempre hay que dar lo máximo. Lo más expresivo que uno pueda hacer. Después, si hay que volver para atrás, se vuelve, pero eso es harina de otro costal, de primera hay que hacer lo mejor de lo mejor que uno pueda hacer, hay que visualizarlo, sacarlo de la cabeza. Si después, por vaya a saber qué, hay que hacer cambios, y bueno, se cambiará, para recular siempre hay tiempo, pero que esa instancia llegue después de ver plasmado en el papel lo que es la expresión máxima de nuestro poder creativo.

Alócate, oración unimembre en imperativo, la vida entera en siete letras. 

¿Qué consejos le darías a las nuevas generaciones?

Ya di varios, pero podemos resumirlos: Que se aloquen, que siempre hagan lo mejor que puedan hacer. No hagan menos porque piensen que la persona para la que están trabajando puede llegar a considerarlo demasiado expresivo, o demasiado libre. Hay que ser libre siempre. 

También recomiendo que prevean el futuro. Que piensen en prosperar desde la ilustración y con otras cosas también. 

Ser comprometidos siempre, tener opinión propia y que eso se vea hasta en el trazo. Nada de lo que hacen es inocente. Nada de lo que se expresa a través del arte (escrito, dibujado, musical, coreográfico, escultórico, arquitectónico, sea lo que sea) queda exento de contenido político. Lo que hagan va a reflejar el mundo en el que estamos viviendo. Sean conscientes de eso. Hacer algo a nivel creativo es opinar. Lo que hacemos es nuevo en el mundo y eso va a ocupar un espacio que (chiquito o grande) va a producir un tipo de cambio (o de estandarización, o de mediocrización, o lo que sea). Apuntemos a que todo lo que hagamos sea para bien, para la libertad, para la evolución, para que el grueso de toda la ilustración se enriquezca. 

Todo eso, en libertad. Ser libres, sea esa la meca. 

¿Qué deseás para ADA y los dibujantes?

Seguir en este camino de progreso y de búsqueda de mejores condiciones para la profesión. Me gustaría que el tema de derechos de autor y de precios justos para las ilustraciones no fuera algo que haya que discutir cada vez. Los derechos de autor los hemos instalado y sé que los que tenemos más camino recorrido no tenemos que discutirlo, pero con los que recién empiezan los editores se hacen los sotas. Me gustaría que no fuera así y que se hicieran buenos contratos. Siempre surgen nuevas preocupaciones como esto de la IA. Estar todavía discutiendo temas de contrato y autoría, resta. Es algo que ya debería hacerse de manera correcta, porque las otras cuestiones recientes como la IA nos van a pasar por encima.

Istvansch

Honorífico ADA