SARA NAVAJA. LAS MOMIAS DEL CERRO

Dibujante, historietista y antropólogo recibido en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Iván Zigarán comparte el proceso de trabajo de Sara Navaja. Las momias del cerro; libro de autoría integral bellamente editado por AZ para su colección de cómics para niños.

Por Gise Four  

Conocí el trabajo de Iván cuando aún no era socio de ADA a través de otro libro de historietas para niños: la novela gráfica El viaje de Nahuel. El niño jaguar, realizado en coautoría con Jo Rivadulla, otro dibujante que actualmente también es miembro de ADA. Esta novela había sido editada por Ediciones De La Terraza, editorial independiente de los pagos de Iván: Córdoba. Ni bien abrí la novela fue “amor total a primera lectura”. Desde aquél momento, aquella novela gráfica comenzó a formar parte del material indispensable que utilizo en mis clases como profe de Artes Visuales (tanto en mi taller particular como en la escuela secundaria). Cabe destacar que el libro integró la lista de recomendados de la Comisión Asesora Nacional (CAN) integrada por mas de 200 especialistas de todas las jurisdicciones del país, encargada de la selección y recomendación de libros para las compras del Plan Nacional de Lecturas.

En sintonía con la novela gráfica, la nueva creación de Iván Sara Navaja. Las momias del cerro nos sumerge en una nueva aventura que nos permite seguir conociendo y valorando la cosmovisión de las culturas madres de América. En esta oportunidad a través de una protagonista femenina cosmovisión en armonía con la naturaleza, la Pacha, nuestra Madre Tierra. Así se pone en valor algo esencial hoy en día, donde aún no está saldada la deuda con nuestras raíces indígenas y con su cultura viva en el presente. 

Este año, durante las jornadas profesionales para ilustradores, muchos pudimos conocer a Iván personalmente. Y decidí contactarlo para conversar sobre su trabajo. En esta charla los invitamos a conocer el proceso de trabajo del libro y a enriquecernos con estos cruces disciplinarios protagonistas de su trabajo como dibujante y antropólogo. 

¿Cómo fueron tus comienzos como dibujante?

Siempre me gustó mucho dibujar y desde chico tuve facilidad. Sabía que quería dedicarme al dibujo, y por suerte, desde muy joven tuve varios trabajos vinculados a eso. Hacía caricaturas en eventos y pequeños encargos. Estudié diseño gráfico, y desde ahí también, en mis primeras pasantías y experiencias laborales pude incorporar la ilustración y conectarme con ese sector. Por otro lado, formé parte de un grupo de historietistas de Córdoba que se llamaba “V de Viñeta”, y desde ese espacio organizamos muchas actividades, eventos y publicaciones que me mantuvieron haciendo historietas.

Durante varios años mantuve un balance entre el trabajo fijo (diseñador y docente) y el freelance. Hace unos años (por fin) pude dar el paso y dedicarme full-time a trabajar como ilustrador.

Sos antropólogo y obtuviste tu licenciatura mediante una tesis en formato de novela gráfica. Contanos cómo surgió la idea, cómo fue el proceso de trabajo y finalmente la recepción y repercusión en el ámbito académico una vez presentada la tesis.

La idea surgió durante el propio proceso de escritura. Estaba escribiendo una tesis tradicional y andaba un poco bloqueado, como suele pasar. Entonces mi directora de tesis Bernarda Marconettoque sabía que yo dibujaba me sugirió usar el dibujo y la historieta como herramientas narrativas. Luego empecé por desarrollar pequeños fragmentos (a modo descriptivo) de mi trabajo de campo, pero a medida que avanzaba me di cuenta de que podía ir más allá. En la historieta podía incluir reflexiones propias, citas de autores, herramientas analíticas… 

Eso hizo que al poco tiempo decidiéramos que toda la tesis fuera en historieta.

Tuve un poco de dudas y reparos respecto a la recepción, pero por suerte fue muy positiva. La repercusión en el ámbito académico fue grande: hubo notas en la prensa y también me contactó gente de otros países consultando por la experiencia.

¿Cómo surgen las ideas de tus trabajos? ¿Cuáles son tus materiales preferidos para trabajar?

Me gusta mucho viajar. He salido de mochilero por muchos países de distintos continentes particularmente de Sudamérica y gran parte de mi “inspiración” viene de ahí. Creo que hay muchísima “riqueza” en la historia, las tradiciones, los “paisajes” locales, que en general están fuera del mainstream.
Disfruto mucho la etapa de documentación para un proyecto de historieta. Leer sobre historia, mitología, costumbres. De hecho, lo de anotarme en la carrera de antropología surge desde ese interés.

En cuanto al dibujo, me gusta mucho y me siento muy cómodo con las herramientas digitales (principalmente para lo laboral). Pero en mis proyectos personales trato de mantener el lápiz y la tinta tradicionales. Me despeja de las pantallas.

¿Cómo surgió la idea de Sara Navaja. Las momias del cerro? ¿Fue una propuesta de la editorial o vos le acercaste la idea a ellos?

Era una idea que tenía dando vueltas. Quería hacer una historieta vinculada a la arqueología y la historia (¡Siempre me fascinaron los sitios arqueológicos!)

Estaba en la etapa creativa, pensando distintas opciones de argumento y de qué manera publicarlo, cuando desde AZ editorial en la que venía trabajando en una serie de novelas de aventuras con Jó Rivadulla nos invitaron a presentar proyectos nuevos.

Sabíamos que en la editorial tenían cierto interés y se mostraban abiertos a la historieta, por lo que con Jó les propusimos iniciar una colección de comics, presentando un proyecto cada uno. 

Ese fue el pie para terminar de darle forma al proyecto: Una chica, hija de un arqueólogo, que descubre magia y misterios en los sitios arqueológicos.

Por suerte el proyecto gustó y se inauguró la colección con este título y otro de Jó con Cristian Bernardini. Y la idea es seguir editando comics (personalmente ya estoy trabajando en el segundo número de la serie).

¿Cuánto tiempo te llevó hacer el cómic? ¿Cómo organizás tus rutinas de trabajo? 

El tema de las rutinas de trabajo siempre un tetris. En el mercado de la historieta nacional es muy difícil que un proyecto se pueda llevar adelante 100% financiado (especialmente teniendo en cuenta que la historieta lleva mucho tiempo).
En lo personal, trato de organizar mi cronograma de trabajo contemplando tiempo para proyectos personales de este tipo. El esquema ideal que me propongo es usar la mañana para el trabajo rentado (generalmente para el exterior), y la tarde para proyectos propios. Pero también depende de la época del año, los deadlines y los tiempos editoriales.

En el caso de Sara, llevó mucho tiempo desde que se aprobó el proyecto hasta que efectivamente salió: unos 3 años en total. La pandemia complicó mucho todo. La idea es poder sacar uno por año.

En el caso de
Sara, llevó mucho
tiempo desde
que se aprobó
el proyecto
hasta que
efectivamente
salió: unos 3 años
en total.

La aventura emprendida por Sara nos sumerge en la cultura Inca, sus creencias y tradiciones. ¿Qué podés compartirnos sobre el diseño de los personajes?

La propuesta es traer personajes de la mitología y la tradición oral sudamericana a las historias, sin caer en un tono “folklórico” o “educativo”. En esta aventura, que transcurre en el espacio andino, incluí varios personajes de esa tradición, como duendes, condenados, momias, huacas, seres animados de piedra, el gato andino… Todos los personajes cargan consigo un contexto cultural, una visión del mundo, de la vida, de la muerte y de la relación con el entorno. Y a la vez son personajes increíbles para explorar como dibujante.

En Sara conocemos el paisaje cordillerano del norte de nuestro país, el gato andino… En Nahuel también nos aventuramos por la cordillera de los Andes (en esa oportunidad de la mano del jaguareté). La cosmovisión de las culturas originarias de América establecen relaciones de armonía con la naturaleza, algo que se ve como una búsqueda central en tus historias. ¿Qué importancia tiene para vos hoy en día la educación ambiental en la infancia? ¿Cómo construís la trama de tus historias para poner en valor esa sabiduría ancestral y hacerlo de una manera que resulte entretenido a los lectores?

Me parece un tema súper importante. Creo que la relación de la humanidad con el mundo es algo que marca nuestra generación. Es un tema que está permanentemente presente, aun cuando miramos para otro lado, porque afecta nuestra mirada, nuestra proyección. Hay claramente un tono pesimista en toda visión del futuro, nos cuesta imaginar un mediano o largo plazo de la humanidad, casi como si estuviéramos yendo directo a chocar con un paredón y nadie pudiera cambiar el rumbo.

La educación ambiental es muy importante, pero a veces también es una encerrona, porque reproduce un mensaje del tipo “Humano vs. Naturaleza”, y ese es un concepto difícil de manejar ontológicamente. Genera culpa, contribuye a ese “pesimismo de época”.

En este sentido, creo que hay muchísimo para aprender de las culturas originarias, que tienen otro vínculo con el entorno, otra concepción del lugar que ocupa el ser humano en el mundo. Y creo que es un buen espejo para mirarse y reflexionar.

(¿Acaso el Renacimiento en Europa no fue, ante una crisis profunda, a buscar guía en sus propias “culturas originarias” Grecia y Roma?)

Mi propuesta, tanto en Nahuel como en Sara, es que el “cuestionamiento” de este vínculo con el mundo que damos por naturalizado esté presente como telón de fondo de las aventuras. Intento mostrar “otros mundos”, invitar a una reflexión sin que se deje de disfrutar la aventura que ocurre en el primer plano. Y, sí. Es todo un desafío (risas).

En el libro el personaje de Sara descubre unas momias Incas que remiten inmediatamente al hallazgo de las famosas momias de niños que fueron descubiertas en 1999 en la cima del volcán Llullaillaco, en Salta. Sara se debate (¡alerta spoiler!) entre devolver las momias al cerro o entregarlas a su padre arqueólogo (y de allí a su destino directo: un museo). El debate del personaje es uno que sucede en la actualidad. ¿Cómo nace la idea de introducir este paralelismo dentro de la acción del libro?
Sí, es un debate muy actual. Y muy necesario. Actualmente hay muchas  restituciones de restos. Creo que eso permite a las sociedades reconectarse con su pasado, con su historia y con su territorio.
No tuve la intención hacer el paralelismo con ese caso puntual, más bien quise traer el tema de las momias en el mundo andino: la concepción de la vida y la muerte en esa cosmovisión me parece apasionante. A través de sus cuerpos momificados los ancestros siguen teniendo influencia en el territorio desde el “mundo de abajo”. Las momias de los emperadores incas, por ejemplo (los sapa incas), eran cuidadas y tratadas como realeza, porque de alguna manera gobernaban los “otros mundos” (el mundo de arriba y el mundo de abajo), y así podían tener influencia sobre el territorio: clima, catástrofes naturales, devenir de enfrentamientos, etc.

El Tawantinsuyo (imperio Inca) no era solo un Estado como lo entendemos hoy, era una red muy compleja de relaciones rituales y políticas entre distintos seres (humanos y no humanos). Y en esto las momias tenían un rol central, conectaban distintos “mundos”.

El dilema de Sara si extraer las momias o respetar su contexto cultural se me presentó como algo casi inevitable con la temática de la historia. Y me parece una linda pregunta para dejar dando vueltas.

Todos los personajes
cargan consigo un
contexto cultural,
una visión del mundo,
de la vida, de la muerte
y de la relación
con el entorno.
Y a la vez son
personajes increíbles
para explorar
como dibujante.

Al final el libro invita a los niños a seguir aprendiendo a través de datos, curiosidades que se desprenden de la historia y un código QR que amplía aún más esa información, ¿cómo surgió esta idea?
Lo del complemento informativo lo hicimos también en El Viaje de Nahuel, el niño-jaguar. Como son aventuras realizadas con mucha documentación, creo que es bueno invitar al lector a conocer más sobre esos temas, sin que eso signifique forzarlo dentro de la propia historia o convertirlo en algo “educativo”. De esta forma al que le interesa lo lee y al que no, no.

Lo del QR responde a una iniciativa de la editorial, que experimenta mucho con ese cruce de lenguajes. El comic de Alan Ventura, niño, por ejemplo, tiene pequeños videojuegos para celular que están incluidos en la historia. Hay otros libros con animaciones, audiolibro, entre otras propuestas.
Mi idea es sumar más contenido complementario audiovisual. Pero bueno, poco a poco.

En noviembre del año pasado hiciste la presentación del libro en el Museo de Antropología de Córdoba. ¿Cómo se gestó esta idea y qué repercusiones tuviste?

Tengo mucha relación con la gente del museo. Algunos miembros son profesores de la carrera y allí se hacen muchas actividades. Con la temática del cómic era casi obligatorio hacer una presentación ahí. Es un espacio al que siento muy cómodo y me encanta. Tienen una postura muy abierta y en contacto con la comunidad.

En esa línea, creo que están contentos con tener a alguien que transita este intersticio no tan común entre antropología e historieta infanto-juvenil. 

Este año pudiste participar de las Jornadas Profesionales en la Feria internacional del libro de Buenos Aires, ¿cómo te resultó la experiencia?

Me encantó. Es muy linda la apropiación que uno hace de la feria en ese contexto. En años anteriores solía ir los fines de semana que es una locura de gentey la sensación es muy diferente. Además es bueno conectar presencialmente con colegas. Creo que es muy importante y enriquecedor

¿En qué proyectos estás trabajando? ¿Se vienen más aventuras de Sara Navaja? 

En lo referido a proyectos propios estoy trabajando en el segundo libro de Sara Navaja, que esta vez viaja a Perú y la cosa se pone más selvática. Dejo picando un nombre: El Paititi.
Por otro lado, estoy con un proyecto de novela gráfica de no-ficción también vinculado a la arqueología y la antropología para adultos. Todavía está en etapa de planificación, por lo que no puedo dar muchos detalles. Pero la idea es hacer algo similar a mi tesis, una historieta etnográfica.

Iván Zigarán

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